" Ya es hora que el arte deje de ser bufón de la corte"

Vladiir Mayakovski (1893-1930). Poeta, comediógrafo


viernes, 17 de noviembre de 2006

Cinemateca UGT. Sábado 18 de noviembre a las 20 h: La pianista


Francia, Austria, 2001. 130’. V.O.S.E. 35 mm
Isabelle Huppert, una vida para actuar
Último pase

De una parte, La pianista podría entenderse como una invitación a la experiencia del límite. Asimilando en un mismo personaje las máximas cotas de espiritualidad -a través del arte- y de abyección, Haneke nos sitúa en el umbral de lo sublime, para al mismo tiempo hacernos aso­mar a la brutal visión del horror. Siendo la música el vehículo para ese viaje hacia lo más elevado que la expresión humana haya podido producir, Haneke nos revela que ese mismo sujeto -el artista- es bifronte: que entre la extrema sensibilidad y la más hiriente insensibi­lidad no hay más que un ínfimo límite que a la vez es un profundo abismo. Podría ser que el film nos hablase de cómo lo humano está hecho de lo mejor y de lo peor, pero encarnado en un mismo ser; de que la razón no ya produce monstruos, sino que éstos forman parte de ella misma. De que la crueldad, la animalidad de los instintos, es inseparable de la espiritualidad que reflejan las más altas manifestaciones de la cul­tura.

Pero además el paisaje del fondo sí que importa: no es banal que la historia transcurra en Viena -con el lastre de que el idioma sea el francés, lo que obliga al doblaje de algunos intérpretes y rompe la coherencia ambiental-, puesto que ella es la capital musical europea y la quintaesencia tanto del apoteosis de nuestra cultura como de la revelación de los recónditos abismos que subyacen a la creación artística: lo sublime como forma de sublimación, la expre­sión creadora (Eros) como fruto de la represión en lo profundo del Yo (Thanatos). Aunque tam­poco podemos quedarnos en esa dimensión psicoanalítica sin otorgarle una dimensión colectiva e histórica. Y ahí aparece la pregunta clave que sigue martilleando nuestro pensa­miento, a la vez que adquiere carácter fundante de nuestro presente: ¿cómo pudo ser que en el ambiente más refinadamente culto de la Europa ilustrada fructificase la bestia más atroz que los tiempos modernos han conocido? Esa fue la historia del encuentro entre el horror y el espí­ritu; y ahí aún estamos...
Extractado de:
MONTERDE, José Enrique: La pianista, Dirigido por ... nº 305, Octubre de 2001.



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