
Isabelle Huppert, una vida para actuar
Último pase
Conjunto de objetos que desde un punto determinado se presentan a la vista del espectador, especialmente cuando están lejanos.





"Una buena película son 24 mentiras por segundo"
Michael Haneke





Llevar una novela al cine, hacer un trasvase de un arte a otro, precisa indiscutiblemente de una mirada personal del nuevo autor, que puede ser o no coincidente con la del original. La primera pregunta a plantearse ante la película es si Chabrol ha cumplido esa premisa. Diríamos que sí y no. Por una parte, se parecía que la minuciosidad descriptiva del realista Flaubert sirve al casi siempre incisivo Chabrol para llevar a cabo una reconstrucción virtuosa del decorado y sus componentes. Especialista en mundos provincianos (El carnicero, Pollo al vinagre, etc.), marco de algunas de sus mejores películas, reconstruye con evidente cariño, más allá de lo académico, la Normandía decimonónica. Del mismo modo, logra las notables composiciones de personajes como el inefable boticario ateo Homais y el usurero Lheureux. Más interesante que considerar si la adaptación es fiel o no, lo es el tener en cuenta que el mundo chabroliano y su visión de la realidad están presentes en Madame Bovary.



“Creo que se podrían hacer diez films diferentes sobre Emma Bovary”, decía el impresionista Minnelli, autor de la versión cinematográfica de 1949 sobre la novela de Gustave Flaubert. La de Chabrol es la novena versión. Entre las anteriores se cuentan una de Renoir en 1933, otra al servicio de Pola Negri en 1937 y una peculiar del ruso Alexander Sukurov en 1988. Y es que Madame Bovary admite tantas versiones como interpretaciones se han hecho de ella y de su personaje. ¿Cómo poner de acuerdo a Sigmund Freud, Henry James y Somerset Maugham, que escribieron contrapuestos ensayos sobre el tema? Chabrol, cínico impenitente tanto en sus películas como en sus declaraciones, confesaba con una cándida sinceridad sospechosa:
«He querido ser lo más fiel posible al texto del autor. He intentado hacer el film que él hubiera hecho de haber tenido una cámara en vez de una pluma».
La denostación por pura entelequia apriorística estaba servida para la crítica: Chabrol, el inconstante, había sucumbido ante una mera ilustración.


“La fotografía forma parte de mi oficio, es normal. En la muestra se pueden ver muchas Isabelles: la política, la soñadora, la seductora...»

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